
Manual de Organoponía
Introducción
Este manual está escrito para ayudar a cultivar en la ciudad o en el campo, en espacios reducidos disponibles en azoteas, patios, balcones, bardas asoleadas e interiores, utilizando muy poca tierra, y lo que es muy relevante, produciendo suelo “in situ”.
Es producto de múltiples experiencias de varios años y se centra en el sistema de producción orgánica en contenedores tales como cubetas, llantas descartadas, latas, bandejas, tinas, jardineras, etc., aunque también se refiere al establecimiento de pequeños huertos en tierra, lo cual es un verdadero privilegio para el caso de las grandes ciudades.
La agricultura urbana tiene una larga historia, casi tan larga como la de la agricultura misma, trata de la producción de alimentos que se realiza tanto alrededor de los poblados (agricultura periurbana), como a la que se realiza dentro de los poblados, en los patios, jardines y/o azoteas de los hogares o en terrenos baldíos de las ciudades o poblados (agricultura intraurbana).
Entre las ventajas de producir alimentos lo más cerca posible a su lugar de consumo, se puede mencionar que se gasta poco en cargar o transportar las mercancías, los productos conservan su frescura, todo su sabor y todo su valor nutritivo. Esto último es especialmente notable para el caso de las hortalizas pues ellas pueden perder hasta la mitad de su valor vitamínico después de 48 a 72 horas de haber sido cosechadas⁴.
La agricultura urbana ha sido importante a lo largo de toda la historia en muchas culturas y en otras ha relegado o perdido importancia conforme avanzó el desarrollo urbano e industrial en las principales ciudades del mundo, acentuándose la separación entre campo y ciudad. Sin embargo, en muchas ciudades de América, Europa y Asia, la agricultura urbana es aún una práctica importante debido a que, durante las guerras, sembrar en casa se convirtió en una necesidad y en una estrategia de sobrevivencia ante la incertidumbre en el abasto de alimentos. Para el caso de la Ciudad de México, la antigua Tenochtitlan, Xochimilco, Iztapalapa, Tláhuac, Iztacalco y otros pueblos que se establecieron alrededor del lago, desarrollaron el sistema de chinampas, el cual permitía asegurar, de manera equilibrada con el ambiente, una buena parte de los alimentos de la ciudad más grande del mundo en el siglo XV y XVI.
⁴ Michael Ditter. 1997.“Del campo a la cocina”, editorial Könemann. Alemania.

Foto 1. Tenochtitlán. Mural en sala Mexica del museo de antropología (México D.F.). Las chinampas producían milpa (maíz, frijol, calabaza, jitomate, tomate, chiles, quelites), amaranto y fruta. El lago era fuente de pescado y hábitat de aves. Se sustentaba a 1 millón de habitantes con autosuficiencia. Los residuos sanitarios se aprovechaban como abonos. Es un ejemplo histórico de la agricultura urbana y el saneamiento ecológico.
Actualmente, la agricultura urbana está recobrando importancia debido a que constituye un verdadero potencial para la autosuficiencia alimentaria de las ciudades donde cada vez es más costoso el traslado de alimentos perecederos, en buen estado y a bajo costo, a las zonas marginadas o populares de las grandes ciudades. Otro motivo está en razones de salud y esfuerzos por mejorar y/o conservar el medio ambiente. Muchas familias cultivan sus propios alimentos para tener la seguridad de que están libres de venenos dañinos a la salud y para lograr un porcentaje de autosuficiencia.
Al cultivar sin aplicar pesticidas ni substancias químicas de origen industrial, las familias inician también el reciclaje de basura orgánica susceptible de convertirse en abono compuesto o composta para mantener su tierra en buen estado de fertilidad. Se trata de cultivar sin ensuciar ni contaminar, reciclando materiales orgánicos, cerrando el ciclo de nutrientes y cuidando el agua. Se contribuye pues al llamado "ecosaneamiento" al evitar que el entorno se siga contaminando y ensuciando.
En los últimos años se han producido una buena cantidad de investigaciones y programas en torno a la agricultura urbana⁵.
Se ha reconocido su importancia mundial en tanto constituye la fuente de empleo e ingresos de más de 800 millones de familias⁶.
También se ha abundado sobre su carácter multifuncional pues no sólo se trata de beneficios económicos y de producción de alimentos, sino que se destacan funciones para:
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Reciclaje de materia orgánica generada en las ciudades.
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Ahorro de agua y reducción de su contaminación al vincular agricultura urbana y saneamiento ecológico (sanitarios con desviación de orina y secos).
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Ahorro de energía al evitar largos traslados de los alimentos y refrigeración de estos.
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Reúso de aguas grises y fomento a la captación de agua de lluvia.
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Mejoramiento e incremento de áreas verdes”, paisaje y recreación.
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Cuidado, conservación e incremento de la biodiversidad.
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Aumento de la resiliencia – mitigación ante el cambio climático.
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Herramienta y tema a consideración para el diseño y planeación participativa de espacios urbanos (ordenamientos territoriales locales).
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Mejora de la cohesión social (reconstrucción de tejidos sociales) incorporando las visiones de género y edad.
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Preservación y rescate de la cultura de habitantes urbanos de origen rural.
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Herramienta para la educación ambiental no formal y formal a través de “el huerto en la escuela” y sus aprovechamiento didáctico – curricular.
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Creación de “circuitos cortos de intercambio” en las localidades.
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Creación y/o fortalecimiento de pequeñas y medianas empresas (pymes) agropecuarias y agro-industriales.
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Alternativa para grupos vulnerados.
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Propuestas de políticas públicas orientadas al fomento y aprovechamiento de las multifunciones de la agricultura urbana, creando espacios y redes de sustentabilidad.
La agricultura urbana se practica a diversas escalas y con diversas tecnologías, abarcando desde el autoconsumo hasta escalas comerciales significativas, con un amplio espectro de técnicas: tradicionales, ecológicas-orgánicas, hidroponía y de uso intensivo de agroquímicos.
Para el propósito de contribuir a la construcción de espacios y relaciones sustentables, se considera importante y necesario ubicar la presente propuesta en el contexto intraurbano y el ámbito de las tecnologías agroecológicas – orgánicas, las cuales pueden aplicarse a todas las escalas, contribuyendo a la seguridad alimentaria, el empleo, la educación y la cultura de manera sustentable.
⁵ Una recopilación y reflexión sobre lecciones aprendidas en los últimos 15 años se puede leer en MougeotLuc. 2006. “Cultivando mejores ciudades – Agricultura urbana para el desarrollo sostenible”. IDRC. Disponible en: http://idl-bnc.idrc.ca/dspace/bitstream/10625/34227/12/127064.pdf
⁶ Smith Jac, NasrJoe, Ratta A. 2001. “UrbanAgricultureFood, Jobs and SustainableCities”. UrbanAgriculture Network Inc. Cap. 2 Disponible en: http://jacsmit.com/book/Chap02.pdf
Este manual puede consultarse en caso de dudas yendo directamente al capítulo correspondiente. Se presenta en primer lugar algo de historia, luego algunos conceptos ecológicos con los que es conveniente vivir y convivir haciendo conciencia, vienen después la técnica de la "organoponía" para posteriormente ver asociaciones, combinaciones y rotaciones de cultivos. Luego el capítulo dedicado a plagas y enfermedades con métodos de control preventivos y algunos remedios caseros no tóxicos. Para concluir se dan las referencias bibliográficas y lecturas recomendadas.
Este trabajo es fruto de numerosas experiencias en las que el autor ha participado y/o ha tenido oportunidad de conocer. Antes de iniciar, quiero manifestar un especial agradecimiento al Ing. Ángel Roldán y al Dr. Rodrigo Medellín, quienes también fueron pioneros de todo este desarrollo gracias a su interés por la autosuficiencia y la autonomía y a un folleto proveniente de California⁷.
El desarrollo de la Organoponía ha sido apoyado por diferentes instituciones entre las cuales cabe destacar al Centro de Investigación y Capacitación Rural A.C. (Cedicar), El Centro de Información y Comunicación ambiental de Norte América A.C. (CICEANA), la fundación Ashoka, y a múltiples programas de fundaciones, asociaciones civiles, dependencias gubernamentales y empresas que han permitido la aplicación y difusión de esta actividad. El interés por obtener alimentos sanos (libres de agroquímicos), practicar la horticultura como actividad relajante y meditativa, aprovechar los huertos escolares como herramienta didáctica… ha hecho que cada vez más personas, independientemente de su situación socioeconómica se sumen a la práctica de la agricultura urbana ecológica.
Finalmente, pero sin por esto querer restar ninguna importancia, un muy especial agradecimiento a todas las personas que han intervenido como practicantes en el programa. Éxitos y fracasos, todas las situaciones y experiencias han sido lecciones para avanzar en este terreno de la agricultura urbana y de la lucha por ir creando, espacios de sustentabilidad urbana y mejoramiento de la calidad de vida en el sentido más amplio de esta expresión.
⁷ Daniels Barbara (sin fecha). El uso de orina humana como fertilizante. FairFax, California USA.